GROUCHO MARX: LOS CUATRO COCOS.
LA ESCENA DE LA SUBASTAGroucho se encuentra sentado tras el escritorio.
GROUCHO
Acérquese, quiero verle de cerca. Ahora escúcheme bien, no quiero a ese mamarracho pelirrojo corriendo por el vestíbulo de un lado para otro. Si espera que se quede en la habitación va a tener que amordazarlo.
CHICO Primero habría que atrapado.
GROUCHO
¿Quién es?
CHICO
Es mi socio, el mudo. Viene de la capital.
GROUCHO
Ah, su socio capitalista. Si no recuerdo mal, usted m_ había telegrafiado preguntándome por unos terrenos. He estado pensando en ello. Puedo dejade tres que le hacen frente al agua u otros tres con vistas a un aguacate. Bien, los tres solares me costaron nueve mil dólares, pero usted me cae bien y se los voy a dejar en quince mil.
CHICO
Yo no puedo comprar nada. No tengo dinero.
GROUCHO
¿No tiene dinero?
CHICO
Ni un centavo.
GROUCHO ¿Y cómo piensa pagar la habitación?
CHICO Depende de cómo se mire.
GROUCHO
Ya. Por lo que veo usted no parece tener ningún miramiento.
CHICO
Vinimos aquí a ganar dinero. Un día leí en el periódico: «Próxima explosión inmobiliaria en Florida». Y nos vinimos, nos gusta explotar al prójimo.
GROUCHO
Pues yo le voy a enseñar a ganar dinero a montones. Pronto voy a subastar unos terrenos en Cocoanut Manor, los compradores pujarán por ellos. Sabe lo que es pujar, ¿no es cierto?
CHICO
Sí, vine de Italia en un barco lleno y en todo el viaje no de
jaron de pujarme.
GROUCHO
Hagamos ver que no le he oído. Como le decía, la subasta tendrá lugar en Cocoanut Manor. Y cuando los compradores se apiñen quiero que usted se mezcle entre ellos. Pero no les robe las carteras, sólo simule ser un comprador más...
CHICO Puedo hacer ambas cosas.
GROUCHO
¿Qué opina usted? Quizá lo que esté de más sea la subasta. Mire, lo que quiero decir es que si alguien dice «cien dólares», usted dice doscientos; si alguien dice doscientos, usted dice trescientos...
CHICO
Tengo que gritar.
GROUCHO
Efectivamente. Y si nadie dice nada el que comienza es usted.
CHICO
¿ y cómo voy a saber cuándo nadie dice nada?
GROUCHO
Tal vez se lo notifiquen. ¿Es usted tonto? ¿Qué cree que
pasará? Si nadie dice nada, lo oirá.
CHICO
Quizá no oiga nada.
GROUCHO
Vale, pero no se lo explique. Bien, si tenemos éxito y nos deshacemos de estos tres terrenos, haré que tenga una buena comisión.
CHICO
Vinimos aquí a ganar dinero. Un día leí en el periódico: «Próxima explosión inmobiliaria en Florida». Y nos vinimos, nos gusta explotar al prójimo.
GROUCHO
Pues yo le voy a enseñar a ganar dinero a montones. Pronto voy a subastar unos terrenos en Cocoanut Manor, los compradores pujarán por ellos. Sabe lo que es pujar, ¿no es cierto?
CHICO
Sí, vine de Italia en un barco lleno y en todo el viaje no de
jaron de pujarme.
GROUCHO
Hagamos ver que no le he oído. Como le decía, la subasta tendrá lugar en Cocoanut Manor. Y cuando los compradores se apiñen quiero que usted se mezcle entre ellos. Pero no les robe las carteras, sólo simule ser un comprador más...
CHICO Puedo hacer ambas cosas.
GROUCHO
¿Qué opina usted? Quizá lo que esté de más sea la subasta. Mire, lo que quiero decir es que si alguien dice «cien dólares», usted dice doscientos; si alguien dice doscientos, usted dice trescientos...
CHICO
Tengo que gritar.
GROUCHO
Efectivamente. Y si nadie dice nada el que comienza es usted.
CHICO
¿ y cómo voy a saber cuándo nadie dice nada?
GROUCHO
Tal vez se lo notifiquen. ¿Es usted tonto? ¿Qué cree que
pasará? Si nadie dice nada, lo oirá.
CHICO
Quizá no oiga nada.
GROUCHO
Vale, pero no se lo explique. Bien, si tenemos éxito y nos deshacemos de estos tres terrenos, haré que tenga una buena comisión.
CHICO
Preferiría que fuera dinero.
GROUCHO
Lo que usted quiera. Bien, para disponer de los solares
necesitamos planos de catastro. ¿Sabe lo que es el catastro?
CHICO Es como una pulmonía.
GROUCHO
¿Y cómo es que nunca cogió una pulmonía doble?
CHICO Es que suelo estar solo.
GROUCHO
Pero entiende lo que es un solar, ¿no es cierto? Un solar no tiene nada que ver con elsol. Un solar es un montón de tierra sin nada.
CHICO
Cuando uno tiene mucha tierra, tiene un solar. Déjeme que se lo explique; a veces uno no tiene mucha tierra, entonces uno no tiene un solar, tiene un terreno. A alguien le puede parecer que es un montón de tierra, pero un montón de tierra también es un solar. Ahora bien, si un solar es un montón, demasiado también es un solar, pero más grande. O sea, lo mismo.
GROUCHO
Lo felicito, Sócrates. Ahora le voy a explicar lo que vamos a hacer. Esto que ve es un mapa de toda el área de Cocoanut. Todos estos terrenos se encuentran dentro de un radio aproximado de dos kilómetros. ¿Existe la remota posibilidad de que sepa lo que es un radio?
CHICO
Una cosa con música.
GROUCHO
Pues esa sí que se la puse en bandeja. Ya veo que explicar
le esto va a ser pan comido.
CHICO
Aprendo rápido.
GROUCHO
No, eso es una frase de una película. Mire, Einstein, aquí está Cocoanut Manor. (Ambos miran el plano.) Y diga lo que diga, esto es Cocoanut Manor, o sea Propiedades Residenciales Los Cocos. Aquí está Cocoanut Manor y, aquí, Cocoanut Heights; o sea, Cerros de Los Cocos. Yeso que ve aquí es una marisma, y aquí, donde la carretera se bifurca, está Cocoanut Junction, o sea el Cruce de Los Cocos.
CHICO ¿Qué es una bifurcación?
GROUCHO
Es cuando de una carretera salen tres, como un tenedor.
CHICO
¿Y con tanto coco no tienen también natillas de coco?
GROUCHO
No, pero no se preocupe ni por las natillas ni por el tenedor. Seguramente usted come con cuchillo. Pero, sigamos con lo nuestro. Aquí está la carretera principal, la de salida de Cocoanut Manor. Por esa carretera desearía que usted se fuera y no volviera más. Y aquí, en este preciso lugar, vamos a construir un hospital oftalmológico. Nos va a costar un ojo de la cara. ¿Entiende? Muy bien. Y ésta de aquí es la zona residencial.
CHICO ¿Así que allí vive gente?
GROUCHO
No, son todos corrales. Y más allá, bordeando la costa,
están los atracaderos.
CHICO
Ah, el barrio bajo donde viven los malandras...
GROUCHO
Mire, haré como que no lo he oído. Qué gran suerte trabajar juntos. Lo que se ve aquí es una pequeña península y ese es el puente que la conecta con tierra firme.
CHICO
¿Que firme qué?
GROUCHO
Oiga, no estamos jugando al juego del teléfono averiado.
Dije «tierra firme».
CHICO
Vale, ¿pero que firme qué? ¿Por qué tierra tengo que fir
mar?
GROUCHO
Mire, yo tampoco nací en Florida. Pero lo que sí sé es que
ese puente es indispensable para cruzar a tierra firme.
CHICO ¿Y por eso hay que firmar?
GROUCHO
Imagínese que usted viene montado a caballo, llega a este
arroyo y quiere salvado.
CHICO
¿Por qué vaya querer salvar el arroyo? Antes salvaría el
caballo.
GROUCHO
Vale. Siento mucho que haya surgido ese otro asunto. Todo lo que puedo decide es que es un puente que conecta la península con tierra firme.
CHICO
Espere un momento. Entiendo lo del solar, lo del caballo, esto y lo otro. Pero lo que no entiendo es por qué tengo que sacrificar a mi caballo y además firmar.
GROUCHO
Olvídelo, sólo era una broma. Una broma, ¿entiende? Mañana por la mañana construirán un túnel. ¿Le queda claro? Ahora, ¿sería tan amable de dejarme continuar? Le dirélo que haré; lo acompañaré y le mostraré nuestro cementerio. Tengo cincuenta compradores que se mueren de ganas por invertir. Pero usted me cae bien...
CHICO
Usted es mi amigo.
GROUCHO
... me cae bien, por eso lo vaya empujar a una fosa antes que a cualquiera de ellos. Me aseguraré de que le toque un buen lugar, y de que nadie se lo quite.
CHICO
Qué bien.
GROUCHO
y me aseguraré también de que sea horizontal.
CHICO
Ya.
GROUCHO
Lo que usted quiera. Bien, para disponer de los solares
necesitamos planos de catastro. ¿Sabe lo que es el catastro?
CHICO Es como una pulmonía.
GROUCHO
¿Y cómo es que nunca cogió una pulmonía doble?
CHICO Es que suelo estar solo.
GROUCHO
Pero entiende lo que es un solar, ¿no es cierto? Un solar no tiene nada que ver con elsol. Un solar es un montón de tierra sin nada.
CHICO
Cuando uno tiene mucha tierra, tiene un solar. Déjeme que se lo explique; a veces uno no tiene mucha tierra, entonces uno no tiene un solar, tiene un terreno. A alguien le puede parecer que es un montón de tierra, pero un montón de tierra también es un solar. Ahora bien, si un solar es un montón, demasiado también es un solar, pero más grande. O sea, lo mismo.
GROUCHO
Lo felicito, Sócrates. Ahora le voy a explicar lo que vamos a hacer. Esto que ve es un mapa de toda el área de Cocoanut. Todos estos terrenos se encuentran dentro de un radio aproximado de dos kilómetros. ¿Existe la remota posibilidad de que sepa lo que es un radio?
CHICO
Una cosa con música.
GROUCHO
Pues esa sí que se la puse en bandeja. Ya veo que explicar
le esto va a ser pan comido.
CHICO
Aprendo rápido.
GROUCHO
No, eso es una frase de una película. Mire, Einstein, aquí está Cocoanut Manor. (Ambos miran el plano.) Y diga lo que diga, esto es Cocoanut Manor, o sea Propiedades Residenciales Los Cocos. Aquí está Cocoanut Manor y, aquí, Cocoanut Heights; o sea, Cerros de Los Cocos. Yeso que ve aquí es una marisma, y aquí, donde la carretera se bifurca, está Cocoanut Junction, o sea el Cruce de Los Cocos.
CHICO ¿Qué es una bifurcación?
GROUCHO
Es cuando de una carretera salen tres, como un tenedor.
CHICO
¿Y con tanto coco no tienen también natillas de coco?
GROUCHO
No, pero no se preocupe ni por las natillas ni por el tenedor. Seguramente usted come con cuchillo. Pero, sigamos con lo nuestro. Aquí está la carretera principal, la de salida de Cocoanut Manor. Por esa carretera desearía que usted se fuera y no volviera más. Y aquí, en este preciso lugar, vamos a construir un hospital oftalmológico. Nos va a costar un ojo de la cara. ¿Entiende? Muy bien. Y ésta de aquí es la zona residencial.
CHICO ¿Así que allí vive gente?
GROUCHO
No, son todos corrales. Y más allá, bordeando la costa,
están los atracaderos.
CHICO
Ah, el barrio bajo donde viven los malandras...
GROUCHO
Mire, haré como que no lo he oído. Qué gran suerte trabajar juntos. Lo que se ve aquí es una pequeña península y ese es el puente que la conecta con tierra firme.
CHICO
¿Que firme qué?
GROUCHO
Oiga, no estamos jugando al juego del teléfono averiado.
Dije «tierra firme».
CHICO
Vale, ¿pero que firme qué? ¿Por qué tierra tengo que fir
mar?
GROUCHO
Mire, yo tampoco nací en Florida. Pero lo que sí sé es que
ese puente es indispensable para cruzar a tierra firme.
CHICO ¿Y por eso hay que firmar?
GROUCHO
Imagínese que usted viene montado a caballo, llega a este
arroyo y quiere salvado.
CHICO
¿Por qué vaya querer salvar el arroyo? Antes salvaría el
caballo.
GROUCHO
Vale. Siento mucho que haya surgido ese otro asunto. Todo lo que puedo decide es que es un puente que conecta la península con tierra firme.
CHICO
Espere un momento. Entiendo lo del solar, lo del caballo, esto y lo otro. Pero lo que no entiendo es por qué tengo que sacrificar a mi caballo y además firmar.
GROUCHO
Olvídelo, sólo era una broma. Una broma, ¿entiende? Mañana por la mañana construirán un túnel. ¿Le queda claro? Ahora, ¿sería tan amable de dejarme continuar? Le dirélo que haré; lo acompañaré y le mostraré nuestro cementerio. Tengo cincuenta compradores que se mueren de ganas por invertir. Pero usted me cae bien...
CHICO
Usted es mi amigo.
GROUCHO
... me cae bien, por eso lo vaya empujar a una fosa antes que a cualquiera de ellos. Me aseguraré de que le toque un buen lugar, y de que nadie se lo quite.
CHICO
Qué bien.
GROUCHO
y me aseguraré también de que sea horizontal.
CHICO
Ya.
GROUCHO
De acuerdo, pero no se olvide de que cuando comience la
subasta si alguien dice cien dólares...
CHICO ... Yo digo «doscientos».
GROUCHO ¡Estupendo! Y si alguien dice doscientos...
CHICO oo. Yo digo «trescientos».
GROUCHO ¡Magnífico! ¿Y sabe cómo llegar hasta allí?
CHICO
No, no entiendo.
GROUCHO
Escúcheme con atención. (Ambos miran el plano.) Baja por aquí, por el sendero estrecho, hasta llegar a esta pequeña jungla que ve aquí. ¿La ve? Aquí, donde están estas casas con tejados de hoja de palmera. Y un poco más adelante hay un pequeño claro con una cerca de alambre. ¿Ve la cerca?
CHICO Sí, pero no está tan cerca.
GROUCHO
Ah, no. No vamos a pasar por todo eso otra vez. Venga
conmigo, lo voy a poner muy guapo.
Groucho convence a Chico para que actúe como su secuaz, para subir el precio de unos terrenos pantanosos e inútiles. ¡Pero la que se le viene encima! Al aprendiz de timador se le dan muy mal las matemáticas, y mucho peor cumplir las órdenes de su jefe.
GROUCHO
¡Esto es Florida, amigos! Sol, un, sol perpetuo, un sol que brilla todo el año. Pero acabemos con esto antes de que se desate un tornado. Por aquí... Un poco más al frente... Acérquense un poco más, señoras y señores. Queridos amigos, en este momento se encuentran en Cocoanut Manor, una de las ciudades más elegantes de Florida. Naturalmente aún nos quedan por mejorar una o dos cosas, pero ¿a quién no? Éste es el corazón del barrio residencial. Todos los terrenos están a un tiro de piedra de la estación, y no habrán tirado apenas algunas piedras cuando ya esté construida. En este preciso lugar alzaremos ochocientas elegantísimas viviendas. ¡Pero si es como si ya hubiesen sido construidas! Y lo que es más, ustedes podrán elegir el tipo de casa que deseen. Hasta podrán hacerse un típico chalet californiano. Hasta llegaría a recomendarles que mejor lo compraran allí. Éste es el momento de invertir, mientras dure este «boom» junto al mar. Y olviden el dicho aquel de los pelillos... Pero, eso sí, recuerden que les doy mi palabra: si estos terrenos no duplican su valor en dos años, no sé qué van a hacer para remediarlo. Estudiemos ahora el solar número veinte, justo en la intersección de la avenida De Sota. Naturalmente ustedes saben quién era De Sota. Aquel explorador que descubrió un gran espejo de agua. y también conocen el agua burbujeante que bautizaron en su honor como «agua De Sota». Pues el terreno en cuestión tiene, de frente, veinte pies; de fondo, catorce pies, y además un felpudo para dos pies. Y bien, comencemos la subasta. ¿Qué me ofrecen por el solar número veinte? ¿Alguien desea comenzar la puja? Cualquier cifra basta.
CHICO
Doscientos dólares.
GROUCHO
El caballero ofrece doscientos dólares. ¿Alguien ofrece
más?
CHICO
Trescientos dólares.
De acuerdo, pero no se olvide de que cuando comience la
subasta si alguien dice cien dólares...
CHICO ... Yo digo «doscientos».
GROUCHO ¡Estupendo! Y si alguien dice doscientos...
CHICO oo. Yo digo «trescientos».
GROUCHO ¡Magnífico! ¿Y sabe cómo llegar hasta allí?
CHICO
No, no entiendo.
GROUCHO
Escúcheme con atención. (Ambos miran el plano.) Baja por aquí, por el sendero estrecho, hasta llegar a esta pequeña jungla que ve aquí. ¿La ve? Aquí, donde están estas casas con tejados de hoja de palmera. Y un poco más adelante hay un pequeño claro con una cerca de alambre. ¿Ve la cerca?
CHICO Sí, pero no está tan cerca.
GROUCHO
Ah, no. No vamos a pasar por todo eso otra vez. Venga
conmigo, lo voy a poner muy guapo.
Groucho convence a Chico para que actúe como su secuaz, para subir el precio de unos terrenos pantanosos e inútiles. ¡Pero la que se le viene encima! Al aprendiz de timador se le dan muy mal las matemáticas, y mucho peor cumplir las órdenes de su jefe.
GROUCHO
¡Esto es Florida, amigos! Sol, un, sol perpetuo, un sol que brilla todo el año. Pero acabemos con esto antes de que se desate un tornado. Por aquí... Un poco más al frente... Acérquense un poco más, señoras y señores. Queridos amigos, en este momento se encuentran en Cocoanut Manor, una de las ciudades más elegantes de Florida. Naturalmente aún nos quedan por mejorar una o dos cosas, pero ¿a quién no? Éste es el corazón del barrio residencial. Todos los terrenos están a un tiro de piedra de la estación, y no habrán tirado apenas algunas piedras cuando ya esté construida. En este preciso lugar alzaremos ochocientas elegantísimas viviendas. ¡Pero si es como si ya hubiesen sido construidas! Y lo que es más, ustedes podrán elegir el tipo de casa que deseen. Hasta podrán hacerse un típico chalet californiano. Hasta llegaría a recomendarles que mejor lo compraran allí. Éste es el momento de invertir, mientras dure este «boom» junto al mar. Y olviden el dicho aquel de los pelillos... Pero, eso sí, recuerden que les doy mi palabra: si estos terrenos no duplican su valor en dos años, no sé qué van a hacer para remediarlo. Estudiemos ahora el solar número veinte, justo en la intersección de la avenida De Sota. Naturalmente ustedes saben quién era De Sota. Aquel explorador que descubrió un gran espejo de agua. y también conocen el agua burbujeante que bautizaron en su honor como «agua De Sota». Pues el terreno en cuestión tiene, de frente, veinte pies; de fondo, catorce pies, y además un felpudo para dos pies. Y bien, comencemos la subasta. ¿Qué me ofrecen por el solar número veinte? ¿Alguien desea comenzar la puja? Cualquier cifra basta.
CHICO
Doscientos dólares.
GROUCHO
El caballero ofrece doscientos dólares. ¿Alguien ofrece
más?
CHICO
Trescientos dólares.
GROUCHO
Pues eso casi acaba con la subasta. Y luego me aseguraré
de acabar con usted.
CHICO ¡Cuatrocientos dólares! ¡Quinientos dólares!
GROUCHO ¿Alguién ha dicho seiscientos?
CHICO
¡Seiscientos dólares!
GROUCHO
Vendido al caballero por seiscientos dólares. Cerremos el trato y encerrémoslo a él. Pues sí que he recuperado los gastos con esa venta. Un éxito, un gran éxito. Otro éxito como ése y tendré que venderle mi cuerpo a la facultad de medicina. Bien, veamos ahora el solar número veintiuno. Ahí lo podéis ver, ahí dónde se encuentra el cocotero. Bien, damas y caballeros, ¿qué me ofrecen por el solar número veintiuno?
CHICO
Doscientos dólares.
GROUCHO
Pero, querido amigo, la leche de esos cocos vale más de doscientos dólares. y qué leche, leche de felices y satisfechos cocoteros de Florida. ¿Quién ofrece trescientos?
CHICO
¡Cuatrocientos dólares! ¡Quinientos dólares! ¡Seiscientos dólares! ¡Setecientos dólares! ¡Ochocientos dólares! Venga, a mí me da igual...
GROUCHO
¿Le da igual? ¿Y yo qué? Vendido a Me-da-igual por ochocientos dólares. Espero que todos sus dientes tengan caries, caballero. Y no se olvide que «los abscesos siempre son malos». Debí haberme dado cuenta de que era un profesional cuando me preguntó acerca de la firma. Debí haberme percatado. Lo presentí, pero no supe que era un profesional de la bancarrota... Damas y caballeros, ¿quién se hará con el número veintidós? ¿Qué me ofrecen por el solar número veintidós?
CABALLERO
Cien dólares.
CHICO
Doscientos dólares.
GROUCHO
¡Vendido al caballero por cien dólares! Hágame caso (aChico), no por mucho amanecer se madruga más temprano.
Pues eso casi acaba con la subasta. Y luego me aseguraré
de acabar con usted.
CHICO ¡Cuatrocientos dólares! ¡Quinientos dólares!
GROUCHO ¿Alguién ha dicho seiscientos?
CHICO
¡Seiscientos dólares!
GROUCHO
Vendido al caballero por seiscientos dólares. Cerremos el trato y encerrémoslo a él. Pues sí que he recuperado los gastos con esa venta. Un éxito, un gran éxito. Otro éxito como ése y tendré que venderle mi cuerpo a la facultad de medicina. Bien, veamos ahora el solar número veintiuno. Ahí lo podéis ver, ahí dónde se encuentra el cocotero. Bien, damas y caballeros, ¿qué me ofrecen por el solar número veintiuno?
CHICO
Doscientos dólares.
GROUCHO
Pero, querido amigo, la leche de esos cocos vale más de doscientos dólares. y qué leche, leche de felices y satisfechos cocoteros de Florida. ¿Quién ofrece trescientos?
CHICO
¡Cuatrocientos dólares! ¡Quinientos dólares! ¡Seiscientos dólares! ¡Setecientos dólares! ¡Ochocientos dólares! Venga, a mí me da igual...
GROUCHO
¿Le da igual? ¿Y yo qué? Vendido a Me-da-igual por ochocientos dólares. Espero que todos sus dientes tengan caries, caballero. Y no se olvide que «los abscesos siempre son malos». Debí haberme dado cuenta de que era un profesional cuando me preguntó acerca de la firma. Debí haberme percatado. Lo presentí, pero no supe que era un profesional de la bancarrota... Damas y caballeros, ¿quién se hará con el número veintidós? ¿Qué me ofrecen por el solar número veintidós?
CABALLERO
Cien dólares.
CHICO
Doscientos dólares.
GROUCHO
¡Vendido al caballero por cien dólares! Hágame caso (aChico), no por mucho amanecer se madruga más temprano.
Extraído de: Kanfer, S: El ABC de Groucho Marx. RBA editores. 2006.
COMENTARIO:
Aunque Groucho Marx destacó más por su trabajo cinematográfico, su biografo Stefan Kanfen nos muestra también la cara literaria de un Groucho insomne obligado a paliar sus tiempos nocturnos con un sinfin de lecturas. Se puede creer que los argumentos de las películas de los Hermanos Marx nacen de la pluma de un Groucho insipirado; incluso, puede llegar a pensarse que son fruto de la inventiva en momentos brillantes de improvisación. Sin desmerecer la propia obra de GROUCHO, su genialidad sin duda se concentra en la interpretación y siempre con la ayuda de sus hermanos. Grocuho destacó después por sus alocadas locuciones radiofónicas, por sus neuróticas columnas periodísticas y en las réplicas brillantes a los concursantes de su programa televisivo.
Como bien comenta Kanfer, detrás de cada diálogo en sus películas se encuentra la autoría de narradores desconocidos que merecen parte de la aclamada crítica popular. En palabras de Kanfer:
Los cuatro cocos (The Cocoanuts), escrita por George S. Kaufman, atribuida también a Morrie Ryskind, fue el primer largometraje musical propiamente dicho. Incluía las novedosas tomas cenitales de las coristas, que fueron luego utilizadas, con excelentes resultados, por Busby Berkeley. La película, más bien copia que adaptación de la obra teatral, trataba sobre los destinos de un empobrecido hostelero de Florida (Groucho) que intenta resarcirse de anteriores fracasos mercantiles. Utiliza dos ardides; por un lado, vende terrenos que carecen de valor alguno y, por el otro, intenta seducir a una millonaria (Margaret Dumont, en su primera aparición junto a los hermanos). Sienta, además, las bases para todas las películas futuras. Zeppo es un factótum anodino; Harpo, un maniático seguidor de mujeres; Chico, un papanatas que parece no dar jamás pie con bola, tal y como sucede en la escena de la subasta inmobiliaria donde éste enreda a Groucho con su valiosa «ayuda». La obra teatral incluía cantidades industriales de material infalible, que había sido concienzudamente probado en el circuito de pequeñas ciudades e incluso en Broadway. Pese a todo, a Kaufman no dejaba de espantarle que Groucho improvisara continuamente, incluso mientras rodaban la película. Además de llevar a los Marx a toda una nación, Los cuatro cocos es importante por otra razón: Irving Rerlin compuso los números musicales, aunque es el único largometraje que no le dio una canción de gran éxito. Al comenzar la producción, el compositor le había propuesto a Kaufman el tema Always (Siempre), pero Kaufman se oponía a la primera estrofa, «Te amaré, por siempre». Quizá por rememorar sus propios interludios amorosos, el dramaturgo sugirió una letra más apropiada: «Te amaré, el jueves». Rerlin optó por retirar la canción.




